Memorias ficcionales de un hombre perdido en la montaña

por Tania Karami Vidal Miranda

“Aún recuerdo aquel día, era martes 3 de octubre. Hacía buen tiempo y el sol iluminaba las montañas. Andrés, como siempre, con el humor negro que lo caracteriza, hacía bromas sobre tormentas, cuerdas rotas, situaciones extremas en la cumbre, en fin.. ya no encontraba la manera de callarlo. Pensar que aquel sarcasmo serían las palabras proféticas de un hombre batiéndose en duelo con la muerte”, rememora Alfonso de la Parra, de 43 años, tercer mexicano en ascender al Everest, en octubre de 1992, quien junto con Andrés Delgado, de 42 años, el sexto en hacer cumbre, en mayo de 1997, partió rumbo al Changabang, donde hasta el momento ambos se encuentran en calidad de extraviados.

Alfonso redunda que la montaña lucía desafiante, “desde abajo podía ver con ojos de águila la cima de Changabang, a 6 mil 864 metros en las alturas, quería iniciar ya esta aventura, ver el horizonte con esa increíble sensación que se siente conquistar una cúspide, no solamente topográfica sino mental. Quería revivir esa experiencia que 12 años atrás había experimentado a 8 mil 850 metros en la montaña más alta del mundo”.

A las siete de la mañana en punto iniciaron el camino hacia aquella cordillera del Himalaya, “sabía que durante ese tiempo no vería más que la majestuosidad de las montañas, cubiertas de nieve. Que no sentiría otra cosa más que viento y frío y que mi comida sería hidratada”, decía mientras se enfrentaba al gigante.

En un inicio el ascenso le fue sencillo, a diferencia del Everest, esta montaña es más rocosa, solamente debía sujetarse bien a las paredes con picos y cuerdas. “Me sentía emocionado, la adrenalina corría por mi cuerpo, nieve, piedra, un precipicio bajo mis pies y frente a mí la victoria a la que pronto llegaría. Cuando vi todo aquello dentro de mí se agolparon un sin fin de sentimientos, que hasta la fecha no puedo describir. Transcurrieron los días, todos los que íbamos en la expedición estábamos muy entusiasmados” recapitula.

De acuerdo con la Federación Mexicana de Deportes de Montaña y Escalada, el plan de los alpinistas era subir en 8 ó 10 días por la ruta Británica de 1997 también llamada Fowler Route. Salieron del campamento base instalado en el Baghini Glacier en el lado Noroeste de la montaña y a una hora de distancia estaba el campamento de un grupo de checoslovacos que los vieron, según declararon a los medios durante el periodo de búsqueda de los alpinistas.

“En el comienzo del trayecto, recuerdo a un grupo de checoslovacos que avanzaban en paralelo por una ruta cercana a la nuestra; me preguntaba si nos veríamos en aquel pico cerca del cielo. Continuaba ascendiendo y al haber recorrido, las dos terceras partes de la montaña, se me antojaron unos huevitos rancheros con chorizo. Me acerqué un poco de hielo a los labios, a esa altura es difícil que se convierta en agua”, relata el alpinista sabiendo que necesitaban un poco de descanso y que tan sólo les faltaba un día y medio para llegar.

Era 11 de octubre, nueve días habían pasado ya desde que iniciaron el ascenso, cumplir el sueño era sólo cuestión de tiempo y de adaptarse a las condiciones que se experimentan por arriba de los 5 mil metros de altura. “El estado del tiempo comenzaba a variar, las ráfagas de viento aumentaban y el frío era inclemente. A esa altura ya me costaba trabajo respirar pero continuaba subiendo, ya conocía las condiciones adversas que se sufren. Mi cuerpo poco a poco empezó a adaptarse” dijo de la Parra.

“Entre picos y cuerdas vimos a Tomaz Rinn, el líder del grupo de checoslovacos que habíamos visto en las faldas de la montaña. Cruzamos algunas palabras, me dijo que con el ritmo y la fuerza que llevábamos no tardaríamos en estar arriba”.

El grupo de checoslovacos comentó: “El plan que tenían Poncho y Andrés era que una vez alcanzado el collado, descender hacia el lado sur y una vez alcanzada la base de la montaña en el lado Sur dirigirse hacia el Shipton Col (hacia el Sur del Changabang), hacer una travesía hacia el Baghini Col (hacia el Oeste del Changabang) y descender hacia el Baghini Glacier (hacia el Noroeste del Changabang)”.

Este último punto fue el campamento base en donde iniciaron. El alpinista Carlos Casorio comentó que si bien la ruta de descenso planteada por los deportistas era más larga, podría ser más segura en caso de tormenta y podrían soportar la travesía pues traían comida y gas para dos semanas. Los checoslovacos intentaron seguir pero no pudieron llegar al collado y rapelearon ese mismo día 11 de octubre.

A un día de llegar y caída la noche Alfonso recuerda. “Descansamos unas horas en un pequeño borde hasta que las luces del alba se distinguían nuevamente en el cielo. Nos alistamos para continuar, a partir de ahí 10 horas era todo lo que nos separaba de la meta”.

Al hacer memoria añade. “Eran ya las 5 de la tarde del 12 de octubre cuando pisamos aquella majestuosa cúspide, el paisaje era hermoso, sentí la libertad y felicidad que se experimenta estando tan alto, sin ataduras tras un arduo camino. Me sentí vivo y humilde al comparar mi condición humana con la majestuosidad de las montañas. Sólo podría estar unos minutos en éxtasis, por lo que me apresuré a tomar algunas fotografías y contemplar el horizonte teñido de naranja y morado, cual si fuese una pintura preparada para aquella ocasión”. Pensar que aquella grandeza y los últimos rayos del sol al ocaso serían lo mejor que contemplarían sus ojos durante las siguientes dos semanas.

De la Parra continúa relatando. “El descenso inició momentos después y al anochecer dormimos colgados de una pared de hielo aun con la emoción de haberlo logrado. Paulatinamente amanecía, el alba a penas podía distinguirse, parecía como si el sol hubiera sido devorado por la nieve”. Fue entonces cuando aprovechó la poca batería que le quedaba en el teléfono satelital para llamar a su familia, pues en estas condiciones las celdas solares ya no recibirían más energía para recargarlo. “Después de dos timbres oí la voz de Leny, mi esposa, la cara se me iluminó y con alegría le informé que ya habíamos conquistado la cumbre”.

“La última vez que hablé con Alfonso fue el 13 de octubre cuando me dijo que acababan de bajar de una pared de hielo y piedra en la que estuvieron colgados varios días, comentó que estaban bien, pero muy cansados y que estarían en tres días en el campamento base, señaló Lenny.

El padre de familia agrega. “Un pip pip me anunciaba que la batería estaba por terminarse y alcancé a decirle a Leny que avisara a la familia de Andrés. Un breve silencio es todo lo que escuché y supe que la comunicación había terminado”.

“Cansados, con frío y sin más compañía que el viento helado nos esforzábamos por continuar el descenso que habíamos iniciado dos días antes. Era 15 de octubre, nevaba inclementemente y la temperatura de la montaña variaba entre los -20°C hasta los -34°C, en ese punto un grado más o uno menos no hacía ninguna diferencia en un cuerpo congelado. Habíamos bajado unos 2 mil 500 metros y tengo incrustada en la memoria la horrible sensación de quedarme sin oxígeno en el camino antes de haber llegado hasta ahí”, inmortaliza con melancolía.

Cual hombre en medio de la línea entre la realidad y la fantasía rememora. “Recuerdo haber visto un ángel que venía hacia mí y me sostenía, era una figura luminosa suspendida en el aire, me hablaba y me recordaba que debía luchar por regresar con mi familia”.

Al respecto el médico internista, José Antonio Pruneda, menciona que la falta de oxígeno puede ocasionar alteraciones en el estado de conciencia, que finalmente puede provocar un daño neurológico severo, pues algunos alpinistas han contado historias de alucinaciones vividas en la montaña.

De los días subsiguientes nadie sabe que les ocurrió pero Alfonso cuenta. “Varios días habían pasado, lo único que veía era el fondo blanco que se asemejaba a un vacío sin fin. La tormenta nos había desviado no reconocíamos la ruta, no sabíamos donde estábamos. La desesperación comenzaba a apoderarse de nosotros, hace días que debíamos haber llegado al campamento base. Me sentía caminando en círculos, lo único que tenía por seguro era que estábamos a la mitad de la montaña, pues a pesar de las condiciones, no me era difícil respirar por lo que seguramente no debíamos estar a mucha altura”

“La comida empezaba a escasear a pesar de que Andrés y yo teníamos algunos días disminuyendo nuestras raciones de comida, el gas también estaba por agostarse por lo que descongelábamos pocos mililitros de agua al día, mas sabía que el final no llegaría por el hambre, pues buscaría alimento sin importar donde”.

Al respecto, el presidente de la Asociación de Discotequeros, Bares y Restaurantes de Querétaro, Eduardo de la Parra Cubells, afirmó que su hermano no pasará hambre ni sed, porque es un alpinista preparado que sabe rescatarse a sí mismo y sobrevivir en condiciones extremas.

“Sabe cómo derretir la nieve para hacer agua, sabe de dónde sacar alimentos, no le importa comer gusanos, sabe qué plantas puede comer, hacer fuego”, confió Lalo de la Parra.

Aun se escuchan los recuerdos de Alfonso antes de cumplirse los 10 días de plazo tras los cuales los dieron por perdidos. “Si mi reloj todavía funcionaba era 20 de octubre, la tormenta continuaba y cuando podíamos nos refugiamos en pequeñas cuevas naturales. De vez en cuando, al cesar la nieve, veíamos con esperanza helicópteros a lo lejos. Gritábamos, corríamos, lanzábamos objetos al aire pero observábamos con desesperación que no nos veían. Armamos las letras SOS con los objetos que traíamos que en pocos minutos estaban cubiertos por el hielo”.

“Sabíamos que nos estaban buscando, pero no sabíamos por cuanto tiempo más. En una ocasión la angustia de Andrés fue tal que empezó a escalar desesperadamente la montaña para que lo vieran y resbaló. Se rompió la pierna izquierda, la muñeca derecha y le corría un poco de sangre por la cabeza. En esas terribles condiciones climáticas y con el estado físico de Andrés fue difícil continuar. Permanecimos en una pequeña cueva, yo salía a derretir agua y a esperar a algún grupo de rescate que nos viera. La herida de Andrés se infectaba y tuve que tomar la decisión de continuar para llegar a un campamento y pedir ayuda” añadió.

“Llevo dos días solo en la nieve, sé que Andrés tiene esperanza de que logre mi cometido. Mis piernas no me responden. Tengo frío, hambre y sed. Han pasado 10 días ya desde que conquisté al gigante y ahora él me está conquistando a mí. No pierdo la esperanza de encontrar algún equipo de rescate por tierra, mi familia me espera y lo único que puedo hacer ahora es caminar hacia el horizonte siguiendo la ruta del sol para definir los puntos cardinales” finalizó el valiente alpinista.

El gobierno de la India suspendió la búsqueda aérea de los dos alpinistas mexicanos el 30 de octubre en el Himalaya, tras gran una presión por parte de familiares, amigos y de la Federación Mexicana de Deportes de Montaña y Escalada, se ha comenzado la búsqueda por tierra a cargo de policías indo-tibetanos con la esperanza de encontrarlos.

“Los directivos de la ITBP determinaron un plazo límite de 10 días para dar por terminada la búsqueda de Andrés y Alfonso, debido a las difíciles condiciones que presenta la montaña y las bajas temperaturas”, apuntó Carsolio.

NOTA: Esta crónica recupera diversos testimonios de las noticias publicadas en los periódicos El Norte, El Universal y Esmas.com desde el 18 de octubre. El desarrollo de la historia mantiene algunos elementos de ficción pero siempre basados en los hechos reales y declaraciones de expertos en torno al caso.

Una respuesta a Memorias ficcionales de un hombre perdido en la montaña

  1. Inmaculada Mico Mateu dice:

    Soy la tia de Alfonso de la Parra, vivo en España, me parecia imposible que Alfonso pudiera perderse en le Himalaya, hemos rezado todos, pero creo que mi sobrino ha muerto en el sitio que más le gustaria haber terminado su vida. Un beso a todos y gracias por habernos informado de todo lo de mi sobrino.

    Estamos tristes por la pérdida, pero sabemos que él estará siempre con nosotros.
    Un beso Alfonso y que Dios te tenga bien cerquita.
    Tus tios y primas de España (Valencia)

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