Un día lluvioso para los Borregos

por Andrés Gutiérrez

En los deportes de contacto es usual y aplaudido que de la competencia entre contrincantes resulten  actos de superaciòn fìsica, hazañas individuales y esfuerzos colectivos humanos que inspiran en los espectadores asombro al ver còmo un grupo de personas se unifica para llegar a una meta comùn y còmo su compromiso y dedicaciòn al deporte los hacen dar lo mejor de sì mismos. Èsta es, en sì, la esencia de la fascinaciòn que se tiene con los deportes: la entrega, el esfuerzo, la disciplina y dedicaciòn, la pelea constante ante situaciones adversas. Sin embargo, la competencia puede escalar hacia el otro lado del eje y convertirse en una muestra de violencia, vandalismo y todo aquello se se considera anti deportivo y dañino para la imagen y  principios fundamentales de la competencia deportiva.

El 13 de octubre del 2006 era un dìa nublado, frìo y lluvioso. El clima habìa cambiado en Monterrey repentinamente y empeoraba las condiciones de juego. Casualmente, iba a la par con el estado emocional de los Borregos Campus Monterrey, quienes hace apenas una semana habìan perdido su  record de invictos ante sus archi rivales, Borregos Campus Estado de Mèxico. “Este juego era importante para nosotros. Cuando perdimos contra el CEM quedamos muy molestos con nosotros mismos porque sabìamos que lo podìamos ganar y querìamos recuperar nuestra confianza contra las Àguilas Blancas”, comenta Alejandro Olivas, liniero ofensivo de los Borregos Monterrey.

Los jugadores tienen la costumbre de llegar tres o màs horas antes a sus vestidores para prepararse mental y fìsicamente para el juego. El ambiente entre ellos era denso y todos estaban llenos de ansiedad; era una mezcla entre emociòn, nervios y ganas de jugar para recuperar lo que habìan perdido en la derrota anterior, no sòlo en materia stadìstica sino tambièn en materia anìmica. “El coach Frank (Gonzalez) nos dijo que nos olvidaramos del juego anterior, que èste era un nuevo dìa y que nos diviertièramos en el campo… y que ganàramos. Îbamos muy motivados al campo, tenìamos toda la mentalidad de ganar”, añade Olivas, nùmero 76 de la lìnea.

Los Borregos anotaron en la primera jugada del encuentro con un regreso de patada de 70 yardas de Alejandro Ramos. Justo despuès de la anotaciòn, comenzaron a calentarse los ànimos de las Àguilas Blancas y se dejaron venir las agresiones; el equipo local se dio cuenta ràpidamente que  sus contrincantes no estaban jugando limpio. El lodo que habìa en el campo por la lluvia envolvìa a los jugadores de los dos equipos. Constantemente habìa banderas de castigo, empujones, maldiciones y otro tipo de agresiones. Olivas lo recuerda muy bien: “No sabìamos què traìan. Nos estaban escupiendo y a cada rato nos estaban provocando. Nosotros, que estabamos en la lìnea tenìamos que aguantar todas sus babosadas. La verdad, estaban agotando nuestra paciencia. No querìamos pelearnos pero se estaban pasando”.

Los borregos mantuvieron su compostura por la totalidad de la primera mitad del encuentro; la concentraciòn del equipo local se vio reflejada en el marcador, al llegar al medio tiempo la ventaja habìa escalado a 30-6, gracias a las anotaciones de Armando Saavedra y dos de Emilio Treviño. Pero el constante hostigamiento del equipo rival estaba tomando efecto en los Borregos.

“El ambiente que habìa en el medio tiempo estaba raro. Estabamos conformes con la ventaja… pero muchos de nosotros estabamos hartos de lo marrano que estaban jugando los otros. El coach tuvo que calmar a varios de mis compañeros y nos dijo que, en caso de riña, que nadie entre al campo para que las cosas no se pusieran peores”, comentò Olivas.

El inicio de la segunda mitad comenzò con una agresiòn directa contra los Borregos. Las Àguilas Blancas entraron al campo utilizando un tùnel que va de los vestidores al terreno de juego cuyo uso es exclusivo del equipo local. Los ànimos de los borregos, que habìan sido tranquilizados con el descanso de medio tiempo, se encendieron de nuevo al ver la falta de respeto que los visitantes habian demostrado.

En el tercer cuarto no se notò ninguna diferencia en el comportamiento y estilo de juego del equipo visitante a comparaciòn de la primera mitad. Los empujones continuaban, ahora tambièn habìa patadas, muchos màs pañuelos de castigo de los dos lados, el lodo en el campo se hacìa màs espeso y la lluvia no ayudaba en nada a las condiciones de juego y a los ànimos hostiles del juego. Los Borregos continuaban concentrados; Emilio Treviño completò la ùltima anotaciòn de los Borregos y sellò el marcador en 37-12 para darle una ventaja sòlida y casi inalcanzable en estas etapas. Al final del tercer cuarto, habìa incertidumbre en el campo, nadie sabìa què iba  ocurrir: si el juego iba a terminar pacìficamente, si los visitantes iban a dejar su mala conducta y aceptar su derrota o si el terreno de juego serìa el escenario de màs muestras antideportivas.

En los segundos iniciales del ùltimo cuarto, el cielo gris tronò y la batalla campal  estallò en el campo de juego. Aparentemente, todo comenzò con una riña entre un ala cerrada de los Borregos y un linebacker de las Àguilas Blancas; el conflicto escalò a todos los demàs que se encontraban en el campo.

Habìa Borregos en el suelo que fueron pateados mùltiples veces, la banca local fue instruida enèrgicamente a quedarse en su lugar, los àrtitros habìan perdido el control de la situaciòn, el campo estaba lleno de pañuelo amarillos arbitrales los cuales eran ignorados por todos los que ocupaban el campo. Despuès de 12 minutos de anarquìa total, los àrbitros aceptaron la triste realidad de que el juego estaba fuera de sus manos y decidieron suspenderlo, respetando el marcador final de 37-12  a favor de los Borregs.

Fue una escena surrealista. Ver un conflicto de tal magnitud en un juego de la ONEFA es algo altamente esporàdico. En los 26 años de historia de la liga, sòlo se han suspendido tres partidos por riñas, uno de estos es el de Borregos Monterrey y Àguilas Blancas. A los dìas siguientes del encuentro, los dos equipos fueron reprendidos y multados, jugadores de Borregos fueron suspendidos y el nombre de la instituciòn y el deporte del futbol Americano quedaron tan manchados como los uniformes de los jugadores despuès de ese juego. Para el dìa siguiente, el conflicto estaba en todos los programas deportivos a nivel local y hasta internacional como Multimedios television e ESPN.

No cabe duda que fue un dìa lluvioso y oscuro para los Borregos, se llevaron la Victoria, pero les costò jugadores valiosos. El lodo que quedò en el uniforme de los jugadores ese viernes 13 se puede quitar facilmente, pero las manchas que quedaron en la imagen del equipo y en la instituciòn a la que representan estaràn  ahì por tiempo indefinido.

Una respuesta a Un día lluvioso para los Borregos

  1. Tena dice:

    Andrew muy buena tu crónica me gustó mucho, pero también hay que reconocer que las Aguilas Blancas se han caracterizado siempre por ser un equipo peleonero, pero pue asi es esto, pero te quedó chida.

    Saludos y ARIBBA BORREGOS.

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