Valentina Alazraki, En nombre del Amor, en Monterrey

por Ana Beatriz Priego

El día amaneció gris. Generalmente seria un día triste y casero. Sin embargo, ese domingo lluvioso me incitaba a salir, a caminar por todos los pasillos de la Feria del Libro que como los últimos años, había sido mi pasatiempo preferido. Ese día no solo iba a buscar entre tantas editoriales los libros que me cautivaran con solo leer el título, sino iba a entrar a la presentación del libro En el Nombre del Amor. Juan Pablo II, Memoria íntima de un hombre santo, escrito por Valentina Alazraki.

ALAZRAKI: LA PERIODISTA

Para muchos, el nombre de esta mujer puede sonar conocido, sin embargo no lo relacionan con el nombre de un autor. Esto es por que a lo largo de su carrera Valentina ha sido reconocida como periodista, por cubrir en varías ocasiones conferencias de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) en Ginebra, por realizar la cobertura entre Carter y Breznev, en Viena en 1979, porque fue pieza clave en la cobertura de tres cumbres entre Reagan y Gorbachov en Ginebra, Moscú y Malta respectivamente y también fue enviada especial en Yugoslavia en 1980 para cubrir la enfermedad del Mariscal Tito. Pero por lo que los mexicanos la conocemos y la dejamos ser parte de nuestras vidas es por que a partir de octubre de 1974, fue nombrada corresponsal de Televisa en Roma. Su trabajo: cubrir la fuente del Vaticano, específicamente, al Papa Juan Pablo II.

En La Sala C, a la 1:30 de la tarde, el público era muy variado y había llegado temprano para asegurar su asiento en ésta charla. Alazraki, nacida en la ciudad de México en el año 1955 y licenciada en Ciencias de la Comunicación por la universidad “Pro Deo” de Roma, había logrado reunir a jóvenes de todas edades, hombres y mujeres de diferentes estratos sociales, parejas de adultos mayores, y muchas señoras, las que eran la mayoría en esa grande sala improvisada en Cintermex.

El lugar estaba abarrotado, no cabía ni una persona más en el lugar. Por entretenerme ojeando libros no tuve más remedio que quedarme parada del lado derecho de la sala. Recibida con un fuerte aplauso, pelirroja, elegante y sonriente, salió ella saludando a todos. No pude dejar de notar a una religiosa sola sentada cerca de donde yo estaba, ella se adelantó a comprar el libro de Alazraki y estaba muy atenta a lo que empezara a decir la periodista, incluso esperó al final para que la periodista firmara su libro.

VALENTINA: LA MUJER
La autora de dos libros, Juan Pablo II y la Virgen de Guadalupe, y Memoria íntima de un hombre santo, casada con un italiano con quien tiene dos hijas, vestía de traje sastre y con accesorios grandes en plata, estaba sentada en un cómodo sillón café frente a todo el público. Todos estaban ahí con tanto gusto esperando escuchar las historias y anécdotas de quien acompañó a Juan Pablo II durante cien viajes y fue un puente entre los 84 millones de fieles católicos mexicanos y el Vaticano.
Antes de que la periodista llegará al Vaticano, una mujer, y joven, trabajando como corresponsal en el Vaticano, ni se pensaba; es por eso que los primeros años se sentía fuera de lugar, sus compañeros no la volteaban ni a ver, ni siquiera se dignaban a saludarla. En la Asociación Nacional de Periodistas, conformada por 500 periodistas, tardaron 3 años en darle la acreditación, incluso trataron muchas veces de apartarla del grupo hablando con sus jefes y con el presidente de la asociación, sin embargo, su trabajo reflejaba calidad y por eso se mantuvo en la lucha.

Fue hasta que su jefe, el licenciado Jacobo Zabludovsky, le pidió que realizara una entrevista al Papa. Cuando ella hizo la invitación a Juan Pablo II para asistir al Club de Prensa del Vaticano, el Papa asistió y fue desde ahí que Valentina tuvo credibilidad entre sus compañeros, ya la saludaban y la incluían como parte de su gremio periodístico.

SOMBRERO, MICROFONO Y CAMAROGRAFO
Alazraki, entusiasmada, como recordando buenos tiempos, comentó entre risas cómo fue su primer encuentro personal con Juan Pablo II. Había personas adultas del público que asentaban la cabeza sonrientes, como recordando ese momento.
“Jacobo Zabludovsky me habló, me habló el martes por la noche y me dijo: ‘Alazraki, porque siempre nos llamaba por nuestros apellidos, mañana me entrevistas al Papa.’” Era miércoles, día de la audiencia general… Yo le dije, jefe, licenciado, es que los Papas no dan entrevistas. Él me contestó: ‘Bueno chiquita, luego me hablas para ver cómo resolviste tu problema’ y me colgó el teléfono.”
Valentina pensó que ése iba a ser fin de su carrera en Televisa, pero su “juventud, poca experiencia y la imaginación mexicana la sacaron del problema” comentó entre risas.
Ella tenía un sombrero de charro que le había regalado una amiga, así es que lo tomó y se fue al Vaticano, después de permanecer escondida detrás de unas plantas, frente al aula de las audiencias vio llegar el carro donde venía el Papa, se avalanzó sobre él con el sombrero, el micrófono y el camarógrafo. El Papa no se sorprendió, al contrario, tomando el sombrero dio la primera bendición a México, “los que sí me veían con mala cara eran los colaboradores de Juan Pablo II”, recuerda.


UNA VIDA: UNA ENSEÑANZA

La comunicóloga que permaneció tantos años manteniendo al pueblo de México al pendiente de las actividades del Papa más mediático de la historia, comenta con una cara de ternura, como recordando al Papa Juan Pablo II, que “fue en México donde el había entendido cómo ser Papa”. El público la escuchaba atento, a pesar de ser tanta gente, estaba muy callado el lugar, todos la miraban, los de hasta atrás y los de adelante, sin importar la distancia, su mirada estaba fija en ella.
Fue así como mencionó que fue en México donde Juan Pablo II dijo que tenía que ser un Papa viajero, ya que fue nuestro país, según Alazraki, el que la abrió las puertas de Polonia, país de origen del Papa y que visitó 6 meses después defendiendo su fe a pesar del comunismo.
Durante los poco más de 60 minutos que duró la conferencia y la sesión de preguntas y respuestas, Valentina dejó claro sentirse afortunada por haber sido el enlace que unió a México con el Papa. “Fui la persona más suertuda del mundo” comentó, “había tantas cosas que tenía qué contar que como el tiempo en televisión era muy corto, con el libro pude contestar las inquietudes que la gente en la calle me hacían con respecto a mi trabajo”.
El libro tiene una doble perspectiva, una es la experiencia personal, como corresponsal enviada detrás del Papa en todos esos años de viajes; la otra, es analizar algunos temas con testimonios de primera mano de las personas que más cerca estuvieron con él para reconstruir un poco la parte humana de Juan Pablo II. Aclaró que no es una biografía, es una elección personal de los temas hacia los que ella sentía mayor afinidad; una elección totalmente subjetiva en la que emerge la parte humana del Papa.

VALENTINA ALARZRAKI: LA AUTORA
La neblina y el día lluvioso se me habían olvidado por completo, aunque no dejaba de antojarse un delicioso churro calientito de un puesto que vi al llegar cerca del estacionamiento. Estaba parada escuchando a una mujer que había vivido casi treinta años dedicados a un hombre al que pronto nombraran Santo, y es que todas sus palabras sonaban superfluas comparándolas con lo que realmente debe sentir.
Los lazos afectivos que tenía Valentina con Juan Pablo II eran fuertes y muy intensos, lo que significó para ella un hondo dolor al momento de su muerte: “Pues fue la muerte de un ser muy muy querido, como puede ser un padre, un tío, un abuelo, y con respecto al duelo, pues yo no pude escribir inmediatamente, tuve que tranquilizarme, vivir el duelo como cada uno tiene que hacerlo y luego sentarme y decidir qué era lo que quería contar”.
Fue hasta después de varios meses cuando la periodista inició el proceso de análisis y reflexión, al mismo tiempo que realizó una consulta de archivos y entrevistas que fue recogiendo a lo largo de veintisiete años. Pero sin duda no todo fue fácil, había capítulos como el que habla de los dos últimos meses de vida y muerte del Pontífice, que no le salían, así que los dejaba de lado para escribir acerca de otras cosas por mientras.


LA DESPEDIDA

La labor de Valentina Alazraki no ha terminado, su deber de informar a México acerca de lo relacionado con el Papa sigue vigente. Solo que ahora en la figura de Benedicto XVI, a quien ella ya conocía bien por ser la persona de confianza del Papa Juan Pablo II.

Una ovación más fuerte y más larga fue la que recibió Valentina al terminar su charla con los regiomontanos. Casi 40 minutos de espera para que todos obtuvieran su firma en sus libros y tuvieran la oportunidad de saludarla y decirle alguno que otro comentario; aunque había señoras que sí estaban para irse a tomar un café con ella por todo lo que tenían que platicar.

Algunas personas piensan que la carrera exitosa de esta periodista solo es cuestión de suerte, de que se le presentó éste trabajo en un momento en que Televisa era la única televisora Mexicana que tenía acceso al Vaticano y que lo supo aprovechar muy bien.

Yo creo que hay situaciones en la vida en que sí tenemos suerte, en que amanecimos con el pie derecho o días en que simplemente todo nos sale bien. Sin embargo, al pensar en veintisiete años de trabajo, superando discriminación y jefes muy demandantes, creo que definitivamente no se pueden atribuir solo a la suerte.

A las 4:30 de la tarde, con 3 libros en mano, una periodista en mente y un churro caliente, me fui. Fue un buen domingo para haber nacido gris.

Una respuesta a Valentina Alazraki, En nombre del Amor, en Monterrey

  1. lourdes hernandez dice:

    debo confesar que de niña no sabia mucho del Papa Y no entendia por que tanto alboroto. cuando me hice adulta fui a ROMA verlo junto con una amiga.senti mucha paz en el vaticano.hoy termine de leer el libro en el nombre del amor.
    y ahora si entiendo por que JUAN PABLO II CAUSO Y CAUSA TANTO ALBOROTO.Es un santo!Que privilegio de la peridiosta Alazkari de haber conocido tan bien al PAPA.

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