Crónica de un indio Yaqui en día de muertos

por Elsa González

Miles de tumbas esperaban ser visitadas ese 2 de noviembre. En los supermercados, podíamos ver a la gente abarrotada en el pasillo de las calaveritas de azúcar con algún nombre propio, papel maché de varios colores, el  pan de muerto y otros productos 100/por ciento mexicanos que iban a ser el rayito de alegría de altares y tumbas en ese día, el día de muertos.

Pero en Camahuiroa, playa reconocida por su hermoso contraste entre mar y desierto, donde la mayoría de los habitantes son indios yaquis, ubicado al sur  de Sonora, se preparaba de manera diferente, pues se acercaba también el día de todos los santos, celebrado por los yaquis el 1 de noviembre.
Dolores Duarte Aguamea, india nativa de apellido Yaqui y habitante fiel de Camahuiroa,  no era la excepción, tenia dos hijos que habían ya pasado a la otra vida y unos padres que yacían desde hacía varios años en tumbas vecinas por lo que se preparaba con una semana de anticipación a estas dos importantes fechas para los yaquis: “Nos preparamos toda la semana, hacemos comida, compramos bebidas. Pero no solo para nuestros muertitos, nosotros nos enfiestamos todo el día 1 de noviembre y dormimos ahí en el panteón hasta el 2, pero no solo eso, nos venimos preparando desde el primer lunes de octubre, con procesiones que se repiten cada lunes hasta el 1 de noviembre”.

Dolores, esperaba estas fechas con gran ilusión, pues sentía que a través de estos ritos, se sentía mas cerca de sus seres queridos que ya no pertenecían a este mundo; pues para toda la familia de Dolores, estas fechas significaban reunirse con toda la familia, y festejar de alguna manera a la muerte y al hecho de poder convivir con sus familiares muerto: “Preparamos la comida que más le gustaba al difunto y cuando consideramos que ellos ya comieron lo suficiente, nosotros nos lo acabamos”.
De las casas, se podía oler desde lejos el olor de los tamales de carne y de maíz y el esquite, platillos típicos de la comunidad yaqui.

En el Pueblo, el rito era toda una odisea. Los indios habían faltado a sus trabajos, las mujeres iban y venían con lo necesario para el festejo, los hombres  preparaban unos trajes hechos de tela de manta y palmas que usarían el día de los santos para bailar al son de tambores y maracas hechas con semillas, alrededor de las tumbas. Los niños, también tomaban parte de este evento, ellos se dedicaban todo el día anterior a la fecha esperada a recoger palos y pedazos de ramas secas para elaborar lo que iba a ser un enorme castillo que acostumbraban hacer año tras año para este festejo.

Junto con el primer aire fresco de la temporada, llegó el 1 de noviembre. Los yaquis, ellos vestidos con pañuelos en el cuello y ellas, con faldas coloridas y rebozo, acudían al atardecer al panteón, el cual se podía apreciar con sus tumbas adornadas de colores llamativos, velas, fotografías sagradas y objetos simples que representaban los gustos que solían satisfacer a la persona a la que rendían culto. Al atardecer, se veían desde lejos, las llamaradas gigantes y los residuos del enorme castillo, acompañado de fuegos artificiales y sonidos que retumbaban los oídos y que consumían rápidamente ese castillo construido semanas atrás por los mismos niños que con miradas atónitas lo contemplaban y que con tanta ilusión habían esperado verlo consumirse el día de todos los santos. Los yaquis, bailaban, festejaban y reían paradójicamente alrededor de las tumbas. Lo que anteriormente había sido un simple panteón grisáceo se  había convertido en un panteón lleno de color y vida donde risas y llantos, la nostalgia y  felicidad, la tristeza y  alegría, se mezclaban en una misma fiesta. Comieron y bebieron y acompañaron a sus muertos hasta el amanecer y de la fiesta de todos los santos, quedaron tumbas llenas de flores, caras felices e indios satisfechos de un festejo que podría ser un rito triste, pero que para ellos, acostumbrados a hacer de todo una pachanga, es una razón más para festejar, comer, beber y convivir con vivos y muertos.

La tradición de los indios yaquis de velar a los muertos y festejar la muerte viene desde sus ancestros, desde la conquista de los españoles, como un intento por preservar alguna de sus costumbres.
Según Duarte Aguamea, “antes, los yaquis enterraban a los muertos en los patios de sus casas, así se sentían ellos más cerca de los muertos, y se les enterraba con un pedazo de maíz cocido en la boca para que pudieran comer algo mientras reposaba”.

7 respuestas a Crónica de un indio Yaqui en día de muertos

  1. Lupe Lorenia Sierra dice:

    Elsonga!!!! muy buen cuento, me entretuve……

  2. Ivan Platt dice:

    Felicidades mi amor!..
    Nos tienes a todos soprendidos.
    Keep the good work!

  3. perla e.medina dice:

    mi verganza y me vas a pagar en primero en secundaria y tu vas a sufir ke yo sufri.
    jajaja ke tu perra esta vieja .
    jajaja no estas invitada a mi fiesta.

  4. perla e.medina dice:

    perdomame por insultarte mal seremos las mejores amigas del alma.
    si no me kieres perdonar. es tu problema el tuyo.
    yo si te perdono.

  5. perla e.medina dice:

    me gustaria actuar el papel de villana y bonita. kiero ke me veas actuar en mi personaje no faltes falta mucho ke soy salga.
    y tu ke piensas de mi personaje villana ybonita.

  6. perla e.medina dice:

    despues voy a inteptrepretar el papel de villana y bonita. nada mas en una obra en teatro.

  7. perla e.medina dice:

    te pareces Alicia Villareal

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