Una vida sin esperanza

por Ana Carolina Castillo Siller

Dan las 5:30 de la madrugada, Elvia Cervantes Alfaro abre sus ojos para contemplar el amanecer y dar inicio a un nuevo día.  En su casa de  20 metros cuadrados, habitan ella, sus dos hijos Omar y Alan y su marido, quien a causa de unas graves cataratas ha perdido en gran medida la vista y por consecuencia su trabajo. Es Elvia ahora que con gran entusiasmo y lucha, sale cada día a trabajar para llevar a su casa algo de pan..

Apenas Elvia se levanta, comienza a enlistar en su mente el sin fin de pendientes que tiene que realizar durante el día: llevar a Omar de 10 años a la escuela, limpiar la casa, dejar listos los alimentos para la hora de la comida, despachar a su hijo mayor de 15 años a su trabajo de  cargador y por fin salir a trabajar.

Cuando Elvia sale de su modesta vivienda saluda a sus vecinas a quienes ella admira, ya que estas trabajan para ellas mismas y siempre visten de forma moderna y arreglada, mientras Elvia, canaliza todo lo que genera a la manutención de sus hijos y al pago de servicios.

José María, a quien ella llama de cariño “Chema”, esposo de Elvia, nunca ha tenido un trabajo estable, ya que su oficio es de albañil y solo lo contratan por períodos cortos de tiempo en la construcción de algún edificio, vivienda, etc. Por este motivo Jesús María no ha tenido la oportunidad de brindar a su familia una vida estable donde por lo menos entre una suma fija de dinero mensual y tampoco un Seguro Social, ya que por más que los patrones hacen promesas, nunca cumplen por lo breve que son los proyectos.

Por su parte Omar, segundo hijo de Elvia, de 10 años es un muchacho dinámico y despierto. Hace un par de años Omar empezó a tener problemas de obesidad, lo cual no es normal en un niño de su edad. Elvia identifica este momento cuando ella lo empezó a dejar solo en casa y aunque el niño reclamaba atención de su madre, esta se vió siempre imposibilitada. Primero porque no cuenta con los recursos para someter a Omar a  un tratamiento psicológico y físico y por otra parte Elvia tiene que salir a trabajar todos los días para darle a su familia la mejor calidad de vida posible.

Además Alan de 15 años de edad trabaja como cargador en una tienda reconocida, dedicada a vender muebles y productos para el Hogar. Alan empezó a trabajar desde los 14 años al terminar su secundaria. El motivo de esta situación, fue que al ver a su padre desempleado e imposibilitado físicamente y a su madre luchando cada día contra la situación económica que sufren el 85% de las familias en nuestro país, se vio en la necesidad de apoyar a su madre, renunciando a su sueño de estudiar la preparatoria y posteriormente  la posibilidad de obtener un título como profesionista.

Alán suele hacerse cargo de su hermano y al parecer José María, su padre,  no juega ningún papel importante en la formación de sus hijos y en la cooperación para con su familia.

Elvia sale a las 7:45 de su casa para llevar a Omar a su escuela y después espera un buen rato el camión, que así como ella, transporta a muchas mujeres y hombres de nuestro país que trabajan y comparten la misma necesidad de trabajar para sacar a la familia adelante.

El sol ya salió y Elvia observa arriba del camión al muchacho que se sube a vender chicles, al maestro que va con sus libros a sus clases de las 9:00 AM, a Doña Tina, su comadre que se baja varias cuadras antes que ella y que deja un olor a perfume de rosas. Por fin llega a su parada, la cual esta todavía unas cuadras antes del lugar donde labora como empleada doméstica.

Camina por entre los estudiantes que avanzan precipitadamente a sus clases y el fresco de la mañana le roza la piel.

Ella tiene las llaves de la casa donde trabaja, así que abre la puerta y se encuentra con una de las estudiantes que viven ahí, la cual la saluda con un guiño y una amable sonrisa. Pronto llega, y empieza por la cocina, que siempre esta repleta de vasos, platos y cubiertos sucios sobre la tarja.

Una de las muchachas baja y deja una lista interminable de pendientes para que Elvia realice durante su jornada.

Elvia:
Favor de aspirar las alfombras de los tres cuartos, sacar la basura antes de las once, hacer los baños, bañar a Pancho, limpiar el refrigerador y la despensa, cambiar sábanas…. ahhh y no se te pase checar el menú de lo que nos toca hoy para comer!!!

Ps. Además de hacer la limpieza general de la casa.
Gracias

Elvia se apresura a cumplir con sus labores y así transcurre el día, entre notas con encargos, limpieza general de cuartos, estudio, sala de tele, e incluso de los desastres de “Pancho”un chihuahua, que no hace más que dormir y observar al Elvia mientras trabaja.

Su jornada es corta, ya que Elvia es una mujer eficiente y muy bien hecha, con respecto a su trabajo. Odia el desorden, e incluso de considera un poco compulsiva con el orden.

Cuenta que su marido dejo de invitarla a salir, ya que  antes de cualquier cosa, debía tener cada cosa en su sitio y los pisos relucientes!! Así, que bueno, incluso hay veces en que a Elvia le dan las tres de la mañana y no se da cuenta.

Lupita, una mujer recién casada, con quien Elvia trabajo durante dos años mientras Lupita era estudiante, la recoge a las 11:30 todos los días para llevarla a su casa, donde Elvia hace una segunda jornada de trabajo.

Lupita vive en un fraccionamiento donde diariamente hay gente que barre las calles vestidos con un uniforme azul marino y Elvia, constantemente afirma que le gustaría tener un trabajo así donde pudiera tener un Seguro Social, ya que se encuentra muy angustiada por la enfermedad de Omar, que día con día se agrava y para tratar las graves cataratas de su marido, que ha perdido casi toda la vista y ahora ya no lo contratan por este motivo.

Lupita aprecia la honradez y preocupación de Elvia hacia ella y pidió a su marido que apoyara a Elvia con el Seguro Social a través de su empresa, ya que Elvia ha conmovido a su patrona y esta se decide a apoyarla.

Elvia labora durante la tarde en casa de la recien casada, lavando, planchando y haciendo de comer, además de que nunca faltan las largas charlas que Lupita y ella tienen mientras ambas realizan sus tareas.

Al finalizar Elvia, su jornada en casa de Lupita, esta toma el camión que pasa a unas cuantas cuadras del fraccionamiento y que la deja muy cerca de su casa.

Elvia se siente contenta de tener dos trabajos que por lo menos le dan la seguridad de poder satisfacer sus necesidades básicas

Elvia llega a su casa con la paranoia de encontrar a Omar, su hijo comiendo todo lo que encuentra a su alrededor. Busca entre los sillones y los basureros las bolsas vacías de los alimentos. Realmente la situación se ha agravado. Elvia no descansa por la preocupación que siente por su hijo. Ya varias veces la han llamado de la escuela para verificar que todo este bien en la dinámica familiar, ya que el rendimiento del niño y su capacidad de atención ha disminuido, incluso se ha vuelto un poco agresivo con sus maestros y compañeros.

Elvia regresa a casa y se pone a ordenar y limpiar, además de preparar uniformes, lavar ropa y preparar la cena.

Su marido se encuentra tendido delante del televisor y Elvia le reclama con coraje la situación de la familia. José María solo escucha y no tiene nada que decir. Sus capacidades físicas se disminuyeron a raíz de su problema en la vista.

Elvia se retira a descansar y duerme pensando en su lista de interminables pendientes que tiene para el día siguiente.

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