Dios viste Simón de Betania

por Oliver Cantú

Apenas vi tras la ventana y una extraña sensación me invadió, un cierto vacío incomodo al ver lo que otros carecen, sin contemplar lo que a mi me falta. Dentro de la casa, “Simón de Betania”, había un señor grande acostado con sus manos juntas, como si orara. Después, un joven se levantó con dificultad para hacer algo… no lo pude ver, preferí mirar al frente y caminar como si nada sintiera. No quería prestar atención a lo que había visto al otro lado de la ventana, sabía que de lo contrario comenzaría a imaginarme los gritos de dolor, la desesperación, la tristeza y muertes que han ocurrido dentro de ese cuarto.

Allí conocí a la Madre Ana Jaramillo, una “señorona” en todo el sentido de la palabra. Apenas llegando y ya quería saber todo de mí, incluyendo el motivo de mi visita. Su gran sonrisa y el pelo corto y canoso, me sorprendieron. Era la primera vez que veía el cabello a una hermana religiosa. Al cabo de un rato, pasamos a su oficina. Diferentes pinturas de santos e imágenes adornaban el lugar. Pero no fue sino un autorretrato, de cuando joven, el que captó mi atención. Se veía muy diferente a lo que ahora tenía ante mis ojos: En la foto se lograban apreciar las curvas y el “sex appeal” que algún día cautivaron a más de un galán. Y como toda mujer, claro que supo tomar ventaja de esto. La hermana Ana, como le gusta ser llamada, gustaba andar con dos hombres a la vez.

La Madre comenzó su carrera profesional como diseñadora de modas. Incluso, trabajo diez años de su vida en Estados Unidos creando y diseñando uniformes para secundaria y secretarias. Ella vivía feliz, trabajaba en “gringolandia”; vestía a la moda; iba de “shopping” si le faltaba una garra y por si fuera poco, gozaba de dos amores. ¿Qué más podía pedir la princesa? Su vida giraba en torno a lo mismo: La moda, el crecimiento profesional… ah y mantener ambas relaciones lo más estables posible.

La ahora diseñadora también es fundadora del apostolado de “Las Siervas del Señor de la Misericordia”. Y en vez de diseñar y vestir prendas al último grito de la moda, teje los hábitos de todas sus hermanas. Después de cuestionarse acerca de su vida, Ana Jaramillo, se dio cuenta que ni la moda, ni el dinero, ni dos… tres… cuatro novios podían llenarla. Algo dentro de ella le pedía más. Después de cierto tiempo, se acercó a la iglesia para platicar con un sacerdote. También, unas amigas la invitaron a un congreso religioso en Texas, al cual asistió creyendo que iría a comprar las últimas novedades en moda. Pero para su sorpresa, regresó con la cajuela vacía y las manos llenas de Fe. No fue hasta ese momento en donde decidió cambiar y hacer algo por los demás.

Nunca forzó nada, Dios o esa fuerza divina la acarrearon hasta donde está ahorita. Todavía presume, entre risas, como empezó todo, “Dormíamos cinco hombres y yo, juntos en la intemperie… y yo me hacía cargo de ellos.” Las llagas en la espalda de los hombres no les permitían dormir. Por lo mismo, Ana Jaramillo se dio a la tarea de buscar medicamentos y un techo para que éstos pudieran dormir.

Según la hermana, el milagro más bello de Dios es ser madre. Por lo mismo, cada vez que recibe un bebé en sus brazos de lo último que se acuerda es que está enfermo. Y lo recibe y quiere como hijo suyo.

Una respuesta a Dios viste Simón de Betania

  1. heynI’m following your trip and getting some bits of the freedom you’re getting now…nbreathe for mee toongnmilan is pissing wi Click http://tu2s.in/searchll100830

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